Lo más recomendable es un cepillado después de cada comida, 2-3 veces al día durante una media de 2 a 3 minutos. El cepillado elimina los restos de alimentos y la placa bacteriana, evitando la acumulación de sarro y los restos de alimentos situados en las caras externas, internas y de masticación. Conviene hacerlo media horas después de haber ingerido alimento ya que si lo hacemos de forma inmediata frotaremos el ácido, el mayor enemigo de nuestros dientes, contra éstos, haciendo que su efecto sea más intenso y duradero. La mejor limpieza es aquella que combina el cepillado con el uso del hilo y enjuague dental.
Masticar determinadas sustancias puede ayudar a nuestra boca a producir saliva, el mejor mecanismo natural con el que contamos para reducir los niveles de ácido en los dientes. Los chicles sin azúcar son una buena opción, pues además de ayudarnos a salivar contienen xilitol, un sustituto de la sacarosa que, pese a endulzar, tiene propiedades anticariogénicas. Pero no es lo único que podemos masticar para proteger a nuestros dientes. Uno de los alimentos más recomendables a consumir para finalizar una comida es el queso, que ayuda a reducir el pH de la placa bacteriana y tiene elementos que ayudan a los dientes a remineralizarse.
Algunos de las causas de mal aliento, conocida como halitosis, pueden ser: